El día del banco sigue resultando un concepto extraño y difícil de asimilar para mi mente. He llegado a la conclusión de que no es resultado de aquel día en sí, sino de la (¿está muy feo que utilice a Hegel ahora?) -relación dialéctica- que se establece entre el momento presente y la nostalgia futura. Ese día sucedieron mil cosas, es cierto. Muchas más sensaciones de las que pudiera recrear en este mismo instante tuvieron su ocasión... pero ese día es extraño, simple y llanamente porque me limité a existir. Parece que estoy tratando de reducir lo ocurrido hasta el absurdo, en absoluto es lo que pretendo: sólo quiero decir que todos los juicios que emito al hablar de aquel día están emitidos desde la nostalgia del momento que experimento hoy porque entonces, en aquel banco, estaba sencillamente -siendo. No me dio tiempo a pensar "qué raro", ni "wow, ¿qué acaba de pasar?". No recuerdo a qué me dio tiempo, siendo sincera. Posiblemente a nada. Sin embargo, cuando todo t...